Fecha límite: número de junio -> 21 de abril
Vespa 400 (1961) – ¡Trop bella!
"Novedad en los Países Bajos", escribió el importador NEGA de Roermond en 1959 sobre la Vespa 400. Un microcoche, desarrollado por los mismos diseñadores que se hicieron mundialmente famosos con la Vespa scooter. La transición de dos a cuatro ruedas fue audaz, pero lógica: compacta, ingeniosa y técnicamente sofisticada. La Vespa 400 no se fabricó en Italia, sino por ACMA (Ateliers de Constructions de Motocycles et Automobiles), una filial francesa de Piaggio. Todo en este pequeño coche cumplía con las exigencias de su época: asequible, económico y sorprendentemente maduro.
Un medio de transporte económico
La Vespa 400 estaba equipada con un motor bicilíndrico de dos tiempos, refrigerado por aire, de 393 cc y aproximadamente 14 CV. Esto le permitía alcanzar una velocidad máxima de entre 80 y 90 km/h, dependiendo de las condiciones. No hacía falta más. El coche ofrecía espacio para dos adultos, con espacio detrás para equipaje o quizás dos niños pequeños. Práctico y eficiente. El modelo Tourist se ofreció en los Países Bajos en 1959 por aproximadamente 3.790 florines. El precio actual en eventos de coches clásicos o en concesionarios especializados demuestra el creciente aprecio por este modelo.
Coche original
Este ejemplar es tan original que ya no se encuentra. Tiene su primera pintura, un interior que parece prácticamente nuevo y solo 53.000 kilómetros. Además, la Vespa 400 sigue matriculada en Francia, lo que refuerza su historia. El coche ahora rezuma puro encanto vintage; no un brillo restaurado, sino la pátina auténtica de una pieza de época bien conservada. Una obra maestra al estilo de su época.
Imagen de los tiempos
Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania e Italia, en particular, impulsaron aún más el desarrollo de los microcoches. Ofrecían mejor protección contra la intemperie que una motocicleta, eran económicos de mantener y, a la vez, más cómodos. Con el aumento de la prosperidad, los deseos cambiaron. Las familias tenían más dinero para gastar y deseaban coches más grandes y versátiles. El microcoche fue quedando relegado poco a poco a un segundo plano. Ya no se trataba de poseer un coche, sino de conducir uno de esos.
El interés no tiene precio
Ser propietario no siempre es necesario. Como entusiastas de estas bellezas de acero, podemos disfrutarlas plenamente en museos, en tours de coches clásicos donde otros disfrutan visiblemente conduciéndolos, y en las numerosas exposiciones de coches clásicos. Ese entusiasmo no se puede expresar con euros. El interés puro, el amor verdadero por el objeto, no tiene precio...
(A continuación se muestran algunas imágenes más)
